Era el desván de aquel séptimo cielo,
oscuro, polvoriento y carcomido,
como antiguo documento corroido,
en techo en pared y pavimento.
Deslucidos,opacos y rallados,
unos cuadros de grandes dimensiones,
entre cuerdas y polvo,en los rincones,
varios ganchos mantenían colgados.
Dos alfombras de esparto recogidas,
una mesa redonda y dos cuadradas
y dos muñecas rotas desvestidas.
Un mueble negro de patas torneado,
con un mural detrás más de dos metros,
el espejo rosado, tallado a rosetones
y en sobremesa,mármol, de origen italiano.
Un cesto de mimbre repleto de cascotes,
barras de bronce con marfil decoradas,
lágrimas de cristal de Bohemia talladas
y cuatro cornucopias a recortes.
Así, aquel desván tan sucio, tan revuelto,
me hizo buscar raíces olvidadas,
en los cajones del mueble de otro tiempo.
Dos carpetas de piel medio peladas,
rodeadas de lazos y cordones
con membretes y firmas adosadas,
declaración con armas de blasones.
En el trasfondo del último cajón
un estuche de nácar con relieves
dos sortijas,cadena y medallón:
“dedico cariñosamente a Nieves”.
Múltiples cosas en cajas descuidadas,
fotografías libros de comunión,
estampitas de santos dedicadas
y en peana de plata “La Asunción”.
!Cuántos recuerdos en polvo condensados!
!Cuántos años de paz en un trastero!
¿Dónde estarán armas y blasonados?
¿Quién habitó en el séptimo cielo?.

Autora MARINA PASTOR