Anfiteatro tarragona

Hermosa, bella ciudad catalana,
milenaria ante la historia
ante el mundo recordada como insigne.
Noble, augusta, como imperial y romana.
Ayer te llamaron Tarraco, hoy Tarragona te llamas.
Eres la cuna de nobles, tierra con sangre mojada.
Centurias de cien en cien, hombres de espada y lanza,
expediciones, tribunos, legión romana,
oradores magistrales, juegos circenses, espectadores, gimnastas.
Luchas entre gladiadores, donde la vida dejaban,
aplaudiendo el populacho al vencedor con su lanza,
y moribundo en la arena el perdedor se arrastraba.
Cuadrigas con los jinetes donde sus capas al viento
eran juegos infernales; los augustos y patricios
apostaban al primero y con la seña del dedo
al perdedor lo marcaban.
En leyenda catalana recogimos los ancestros,
aquellos hechos luctuosos, espectáculos siniestros
donde los cristianos eran perseguidos, denunciados
y llevados a la prisión, a la hoguera.
Fructuoso, Augurio y Eulogio
tres mártires conocidos. Ellos fueron perseguidos,
en vida fueron quemados,
habían sido juzgados por un cruel emperador,
Valeriano se llamaba,
por Emiliano entregados, perverso gobernador.
Esos hombres moribundos, religiosos, inocentes,
hoy están en los altares, de todos son conocidos.
Con fervor son bendecidos, con amor son recordados,
Tarragona, todo historia,
sangre, pavesas, cenizas, se enraman en los rosales,
en iglesias, en reliquias, en lamar entre colares.
Recuerdos, perdón, olvido, entre los hombres mortales

Autora: Marina Pastor Diez